Es en la noche, cuando todo parece estar en calma que los demonios nos atormentan. Es el ambiente perfecto para asechar, el silencio, la oscuridad y la soledad generan el escenario para que nuestras mentes sean carcomidas por los diferentes seres infernales que alberga nuestro cerebro. Dentro de todos el peor es el que tiene la cara del pasado, los errores cometidos, cada día que pasa hace crecer mas a este demonio que le encanta reír, y esa risa es lo único que necesita para destruir un sueño placentero, no mata pero hiere y abre el camino para sus compañeros. Otra noche mas, otro café mas para no perder mi insomnio, otro cigarro mas que hace volar su humo por la ventana abierta, me gusta sentir el frió nocturno en la cara y ver las luces de la ciudad que contrastan con el negro del ambiente. Me sentía esa noche especialmente melancólico, supongo que alimenté mis demonios.por demasiado tiempo y ya estaban bien crecidos como para comerme. Los libros ya no me saciaba, la música no me conmovía y parecía que la única compañía que no se aburre de mi era la soledad. Decidí dejar de observar la noche y vivirla, ese fue tal vez el gran error, pero tal vez era inevitable, en retrospectiva, creo que ya estaba todo escrito.
La noche estaba esperándome, la ciudad brillaba con luces artificiales, y la brisa era fría y refrescante, el cielo era hermoso como solo el infinito puede serlo, las brillantes estrellas guiaban mi camino sin rumbo. Camine por largo tiempo y los demonios que estuvieron de a poco materializándose se hicieron sentir. El miedo a lo desconocido y a cada sombra que veía, cada árbol y cada risa era ahora mas tenebrosa, la ciudad de noche no está dormida, las ciudades nunca se duermen por completo. Pero el pasado estaba ahí, mis errores, mis mentiras, mis desilusiones, ¿como hice para terminar solo y alquilando una pieza pequeña en la que solo mi cama, mis libros, mi café, mis cigarros y mi soledad caben? ¿no era acaso la gran esperanza de una familia triste y pobre? Me perdí hacía demasiado en mi tristeza y no pude salir. Un error fatal me hizo caer, un error o una persona, un alma celestial del infierno, el mejor alimento de mis demonios, mi peor error jamas enmendado.
Doblé en una esquina funesta nada especial, mientras mi mente seguía luchando contra los demonios, aun no me quería dejar consumir, tal vez me quedaba esperanza, no lo se, no recuerdo todo. Solo los ojos de los demonios, el asecho en su aliento agitado y sus palabras en idiomas extraños que no fui capaz de entender. Recuerdo al demonio mas grande, el padre de todos, el pasado mismo, el que abrió el camino para todos, el que manda y dirige, recuerdo también lo que yo sentí, este era el momento de acabar con todo, después de esta noche uno de nosotros abandonaría la existencia.
Mi boca estaba seca y mis oídos tapados a su idioma de inframundo, creí que me paralizaría pero no fue así, tal vez no había sido abandonado por el creador, tal vez mi vida aún no debía acabar o tal vez solo quería venganza en contra del ser responsable de mis pesares. Sea lo que fuese, recuerdo mis músculos tensarse hasta un punto máximo, recuerdo que antes que la orden termine de darse tenía mis manos sobre el maldito, apreté fuerte y rápido, creía que los demonios no podían ser atacados por manos mortales, menos morir por un par de ellas, pero rápidamente este demonio dejó nuestro plano y los demás escaparon para nunca mas volver.
Me liberé en esa mágica noche de todos mis males, volví a mi casa tranquilo y con la mente serena y en blanco, no podía y no quería pensar, al menos hasta la próxima noche. Tal vez los demonios vuelvan algún día, tal vez en otras formas y con otras caras y volveré a lanzarlos al infierno si eso pasa, por ahora solo queda dormir.
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